UN GRANO DE MAÍZ: EL PODER

De CADENA BOLIVARIANA VZLA
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sierrajaguar@hotmail.com
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La política en época de crisis se muestra tal cual es: ¡una lucha descarnada por el poder! En esos momentos los afeites electorales, los melindres democráticos, todo cede frente a los imperativos de la disputa por el poder. En esos momentos cualquier vía es “santa” y quedará legitimada por el triunfo. Los derrotados quedarán al margen de una legalidad consagrada por la fuerza.

La hipocresía se rinde ante las urgencias de la definición. Los fascistas dejan atrás sus electorales caretas y los electoreros pusilánimes se repliegan a esperar que la violencia haga su trabajo.

Los revolucionarios, siempre honestos, se debaten entre la insistencia de mantener una realidad que se desmorona, la obstinación de persistir en las reglas democráticas burguesas, que no contienen ya a la realidad, que los oligarcas desconocen abiertamente, y adecuar su acción a las nuevas circunstancias.

En el paisaje político la disputa del poder produce un reacomodo interno y en las relaciones de las diferentes posiciones, de los múltiples intereses en pugna.

En el campo oligarca encontramos que todos, en diferentes grados, desconocen al gobierno revolucionario. Hablan con descaro de “gobierno de facto”, de “usurpación” e “ilegitimidad”. Este es un elemento esencial de la nueva situación, un golpe aún en su fase pacífica. Algunos más audaces invocan al golpe de abril, lo convierten en una manifestación legitima “del poder civil”, de esta manera dejan claro su concepto de legalidad y soportan su complot. Otros asoman la inminencia de unas elecciones que desde ya califican de emboscada, desconocen sus resultados. Los más evidentes anuncian violencia y se preparan para ella.

La oligarquía se mantiene atrincherada en una legalidad que sólo respeta en cuanto le sirve para su conspiración.

El campo bolivariano, acostumbrado a ganar batallas electorales, sufre la narcosis de lo que parece ser una ley de las Revoluciones Pacíficas: mientras la oligarquía se salta la legalidad burguesa, la Revolución permanece inerme frente a la embestida violenta que en sus narices se va desplegando. Sumergida en la lógica de elecciones burguesas que el enemigo no estima como fuente de legalidad, se coloca de espaldas a la realidad.

La Revolución vive en la contradicción de mantenerse dentro de la legalidad burguesa, con ella contener a la insurrección, y la realidad de una conspiración oligarca que la desborda. El momento crítico en que esta contradicción se resuelva determinará el destino de la Revolución.

La contradicción parece haber llegado a un punto en el que no hay retorno a la legalidad burguesa, es decir, a un pacto. La legalidad tomará necesariamente la ruta de la fuerza. No entender esto es ir a la confrontación en condiciones de debilidad.

Allende no pudo resolver la contradicción superando la legalidad burguesa e instaurando el orden revolucionario, y ya sabemos lo que pasó. El 23 de enero del 58 la contradicción pudo resolverse con un pacto oligarca porque las fuerzas revolucionarias no pasaban de ser reformistas. Debemos defender en cualquier terreno a la posibilidad socialista.

¡Irreverencia Chavista!

¡Defender al Socialismo con Socialismo!

Descomposición social

Descomposición social
Manfredo Kempff Suárez

No es la primera vez que nos referimos a este tema ni será la última, lamentablemente. Lo que sucede tiene tantas consecuencias en nuestra sociedad que ignorarlo es imposible. El país ha perdido su norte desde hace muchas décadas, y esto se ha agravado en los últimos años, al producirse un relajamiento en las costumbres, un cambio de conducta en la población, que está derivando en un desbarajuste que no sabemos cómo se va a detener.

Al flaquear la justicia y haberse politizado inconcebiblemente, ha abierto las puertas para que algunos sectores que se sienten protegidos por el gobierno hagan de las suyas. Los “sin tierra”, “sin techo”, avasalladores de minas, transportistas, cocaleros, maestros, salubristas, comerciantes minoristas, contrabandistas, exigen lo que el gobierno les ofrece y no puede darles y entonces, cada gremio, cada sindicato, se moviliza en señal de protesta. ¡Ay de las movilizaciones! ¡Ay de los “paros movilizados”!

En esencia de lo que se trata es que estos sectores, más que demostrar su poder ante el gobierno, lo hacen ante la ciudadanía y los medios de prensa, porque les resulta más útil. El gobierno conoce el poder de los llamados movimientos sociales, sabe hasta dónde pueden llegar, porque a varios los alienta y sostiene. Los demandantes de “vivir bien” no van a impresionar a los actuales gobernantes, sus mentores, curtidos en bloqueos, marchas, paros, huelgas de hambre, azotainas callejeras y pedreas.

Sin embargo, afectan el ánimo de las personas corrientes, de los que trabajan para vivir mejor, que se impresionan por las noticias. Y desde luego que los medios periodísticos no pueden hacer otra cosa que informar sobre los desórdenes que acontecen diariamente en nuestros campos y ciudades porque es su deber y su obligación, dejando una sensación de malestar e inestabilidad enormes. Las cosas que se oyen, se ven y se leen, causan miedo y zozobra en la población.

Pero todo lo anterior, que tiene móviles políticos, que responde a reivindicaciones que fueron ofrecidas por el MAS, es sólo una parte del problema. Es, sin duda, una mala señal que se da al país y que tiene derivaciones que son peligrosas. Bolivia, como algunas otras naciones con regímenes populistas, se está encaminando, año que transcurre, hacia la total falta de autoridad del Estado, a una permisividad increíble con los descontentos, a dar cumplimiento a toda demanda que proceda de quienes puedan ser útiles al gobierno con su apoyo, ya sea callejero o electoral.

En esas circunstancias es donde se fortalece y echa raíces profundas la delincuencia común. Ante la permisividad con los gremios y sindicatos, ante la tolerancia con cocaleros y cooperativistas, contrabandistas y “sin tierra”, el resto cree tener derecho a exigir lo que le viene en gana sin retribuir a la sociedad con algún sacrificio, como debe ser. Entonces asoma el rostro caótico de la nación, cuando se atropella a los transeúntes en las calles, se roba, se viola, se hace negocio con el narcotráfico, se secuestra y se mata.

En el Estado Plurinacional se ha perdido todo respeto. En vista de que somos iguales ahora – como si no lo hubiéramos sido antes – muchos han creído que igualmente un pobre le puede robar a un rico sin el menor empacho; un chofer sacar a empujones de su vehículo a un pasajero; una caserita darle de escobazos a un guardia que le vigila su balanza; un joven golpear a un anciano que le obstruye el paso con su vehículo; un grupo de inadaptados bloquear carreteras para liberar de la cárcel a delincuentes; otros tomar municipios u oficinas del Estado para poner y sacar autoridades; y delirantes abusivos zurrar a cualquier mujer o maltratarla hasta quitarle la vida. Esto último, lo del feminicidio, no se había visto con una frecuencia tan brutal en Bolivia.

Los medios informan naturalmente sobre desgracias diarias sin que se pueda observar una mejoría en el comportamiento de quienes están viviendo, como algo normal, en una sociedad poco menos que enferma. La juventud actual, la que no ha conocido tiempos pasados, cree en la prédica de que el mundo se termina donde llega su vista; que Bolivia les pertenece; que antes no hubo nada bueno; que la recuperaron de unos usurpadores, y que van a dejar su impronta personal, que no viene precisamente de los institutos o las universidades sino de las barriadas.

El discurso político, la demanda y el reclamo falsos, se han convertido, lamentablemente, en la única razón que conocen las nuevas generaciones o la mayoría de ellas. El hombre de esta nueva Bolivia cree merecerse todo y si no se lo dan está decidido a arrebatarlo por la fuerza. De ahí esta época complicada que nos toca vivir, tiempos de zozobra y de preocupación, porque la violencia se está convirtiendo en la única ley existente y quienes la ejercen en dueños y señores de la situación.

Sacan de la ecuación a Piñera, Evo inaugurará vía bioceánica con Russeff y Humala

 

Los presidentes de Brasil, Bolivia y Chile, Rouseff, Morales y Humala, respectivamente…

 

El presidente Evo Morales anunció antes de partir rumbo a New York que definirá en los siguientes días con su colega brasilera Dilma Rousseff la fecha en la que se inaugurará el corredor que unirá los océanos Atlántico y Pacífico, la novedad es que en vez de Chile, se invitará a Perú para dar inicio a los viajes bioceánicos.

De esta manera se saca de la ecuación al presidente de Chile, Sebastián Piñera que en un inicio iba a ser el invitado para acompañar a Morales y Rousseff y en vez de él se convocará al presidente de Perú, Ollanta Humala.

“Uno de los temas que quiero abordar con la presidenta Dilma es poner fecha de inauguración del camino bioceánico que estará en la zona de la Chiquitanía en el departamento de Santa Cruz, ojala pongamos fecha y nuestro invitado especial será Ollanta Humala del Perú”, dijo Morales en conferencia de prensa.

Con esto el Gobierno de Bolivia ratifica su determinación de dejar de usar puertos chilenos y priorizar puertos peruanos para las comunicaciones carretera y férreas biocéanicas.

Ya hemos decidido que el corredor bioceánico sea con camino carretero o tren va a ser por Perú”, dijo el presidente.

La idea del Gobierno de Bolivia es reemplazar el destino del comercio que parte de Puerto Santos en Brasil y que pasa por carreteras bolivianas hacia Matarani o Ilo en Perú y ya no a Arica, como estaba diseñado originalmente, esto tras las últimas tensiones bilaterales con Chile.

En 2007 los ex presidentes de Brasil, Lula da Silva y de Chile, Michelle Bachelette acompañaron al presidente Evo Morales  en La Paz en el lanzamiento del proyecto del corredor bioceánico.

Aún Ollanta Humala no se ha pronunciado al respecto, pero de confirmarse su llegada sería un fuerte respaldo para Bolivia de parte de su vecino Perú, que actualmente tiene un diferendo marítimo con Chile en La Haya.

 

Fuente: Fides

Noam Chomsky considera que EEUU ya no puede controlar a Latinoamérica

TELESUR

Noam Chomsky Noam Chomsky 

El escritor y filósofo estadounidense, Noam Chomsky, consideró que su país ya no puede controlar a América Latina del modo que ha pretendido desde hace décadas, debido a que la región por primera vez está acercándose a su total independencia gracias a la integración que impulsa en la actualidad.

(EE.UU.) ya no pueden controlar a América Latina. De hecho, paso por paso, América Latina, por primera vez, está acercándose a la independencia y la integración. Estamos en un momento dramático porque EE.UU. está perdiendo en control”, indicó Chomsky en entrevista exclusiva para teleSUR.

Para el escritor el país ya no tiene el poder sobre otras naciones que gozaba hace décadas y señala a regiones como el Medio Oriente, China y parte del hemisferio occidental como las más importantes en la actualidad.

“Siempre se ha dado por sentado de que el llamado patio trasero estaría bajo control. Si te fijas en los documentos internos durante los años del (ex presidente estadounidense, Richard) Nixon, cuando estaban planificando el derrocamiento del Gobierno de (Salvador) Allende (ex presidente chileno derrocado por el dictador Augusto Pinochet), dijeron directamente si no podían controlar a América Latina, como iban a controlar el resto del mundo”, añadió el escritor estadounidense.

Recordó que el pasado mes de febrero, se llevó a cabo la Cumbre de la Unidad de América Latina y el Caribe, en Cancún (este) de México, en la que se aprobó un organismo regional que reúne a los países de América Latina y el Caribe sin la participación de Estados Unidos ni Canadá, con el objetivo de integrar a la región. Para Chomsky, ésto “fue una cachetada” para ambos países norteamericanos.

Por ahora, sólo es formal. Pero si llega a ser operativo, elimina la OEA (Organización de Estados Americanos), que es dirigido por EE.UU. Es como si dijeran a EE.UU. que se retire de nuestros asuntos. Y hay otros pasos que se están tomando. Por ejemplo, China ha superado a EE.UU. como importador de Brasil y probablemente lo superará como socio comercial. Es una noticia grande”, añadió.

Con respecto a las sanciones impuestas por el Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas (ONU) a Irán por su enriquecimiento de uranio con fines pacíficos, Chomsky señaló que el Gobierno de Barack Obama se está desesperando y ahora quiere hacer presión a China, que tiene derecho a veto, para que se una a las intenciones de las demás potencias, pero simplemente, Pekín “no presta atención a las órdenes de EE.UU.”

Si crees que eres dueño del mundo, esto te va a dar miedo. De hecho, el Gobierno de (Barack) Obama se está desesperando por esto. Apenas hace un par de semanas, el Departamento de Estado emitió advertencias a China, diciéndole si quiere ser aceptado al mundo civilizado, tiene que cumplir con sus responsabilidades internacionales”, dijo.

El escritor y filósofo estadounidense se preguntó “¿Qué son las responsabilidades internacionales? Seguir las órdenes de EE.UU. Obedecer las sanciones de EE.UU. Esas sanciones no tienen ninguna fuerza ni siquiera, excepto tienen los medios de la violencia detrás de ellas”.

“EE.UU. no puede hacer que aprueben sanciones serias en la ONU. Así que, China aprueba las sanciones de la ONU y no tienen ninguna responsabilidad de seguir las sanciones de EE.UU. Lo más probable es que se están riendo en la Cancillería china porque EE.UU. no puede hacer nada”.

El pasado mes junio, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó la imposición de una cuarta ronda de sanciones contra Irán por el desarrollo de su programa nuclear, con fines medicinales y científicos.

Tanto Brasil como Turquía se opusieron a las sanciones y consideraron que se debe dar más tiempo a la diplomacia, después del acuerdo que alcanzaron en el pasado mes de mayo con Irán, en el que Teherán aceptó enviar mil 200 kilogramos de su uranio a Ankara a cambio de 120 kilos de uranio enriquecido.

Las sanciones de la ONU endurecen el bloqueo de armas a Irán y sanciona a 40 entidades del país, entre ellas varias vinculadas a la naviera estatal iraní, así como a la Guardia Revolucionaria. También refuerza el régimen de inspecciones a buques y aviones iraníes.

Por su parte, Estados Unidos, impuso nuevas sanciones unilaterales contra los bancos y compañías energéticas que negocien con Irán, por su industria nuclear, a la que Washignton considera una “amenaza”.

El gobierno de Teherán ha insistido en que su industria nuclear está dedicada a fines pacíficos, mientras que EE.UU., el único país que ha usado bombas atómicas con fines bélicos (Hiroshima y Nagasak) condena los avances de Irán en materia nuclear

Nietzsche y la palabra del camino :Rafael Fauquie

 


 

 

   

 

 

Resumen: Del “silencio eterno de los espacios infinitos que ignoro y que me ignoran” de Pascal a la “muerte de Dios”, de Nietzsche: el paso de la historia humana fue apuntando hacia la necesaria autosuficiencia del hombre, a su independencia y su soledad. A fines del siglo XIX, una idea -un espejismo- el progreso, pareció deslumbrar a casi todas las mentes. Nietzsche desconfió de ella. La consideró culpable de deformar visiones y creencias. Frente al progreso, ante la idealización del futuro, Nietzsche erigió su propia idea: la de la necesaria afirmación del ser humano en el aquí y el ahora, la de una interminable apuesta del individuo hacia todos sus momentos vividos. La supervivencia para Nietzsche consistía en decir “sí” a la vida, a la pasión del vivir.
Palabras clave: Nietzsche, palabra, afirmación de la vida

 
 

“Yo soy de hoy y de ayer -dijo Zaratustra-; pero en mí hay algo de mañana, de pasado mañana y de lo por venir”.
Así habló Zaratustra

“Es muy difícil vivir entre los hombres, porque es muy difícil callarse”.
Así habló Zaratustra

“Lo que yo encuentro, lo que yo busco
¿se halló alguna vez en libro alguno?”.
Humano, demasiado humano

 

Escritura del camino: signo de lo abierto, de lo interminablemente continuo. Escritura identificada con la voz del caminante que se detiene a recuperar fuerzas y a reponerse del cansancio de los días transcurridos.

Muy variadas expresiones podrían relacionarse con la palabra del camino: pensamientos, reflexiones, memorias, aforismos, testimonios, autobiografías… En todas, generalmente, la comprensión pareciera unirse al deslumbramiento; la búsqueda, coincidir con los hallazgos. Y es que la palabra del camino entremezcla revelaciones y desentrañamientos; dibuja imágenes que surgen tanto de la fantasía como de la lucidez, de la maravilla como de la curiosidad. Es, por sobre todo, la interminable argumentación de una conciencia que nunca calla.

La palabra del camino nos orienta por entre la confusión y la provisionalidad. Nos permite conjurar el tiempo del que estamos hechos. Ella discurre por sobre todos los temas posibles, sombra y soliloquio de pasos, rúbrica de conjeturas. Desde la amplitud de su superficie, la palabra del camino convierte en argumento todas las intuiciones, todos los descubrimientos, todos los desconciertos.

La palabra del camino sigue un ritmo que le es propio. Quizá el ritmo de la vida donde las cosas manan sin cesar, capaces de desbordar cualquier cauce; fluctuando, moviéndose, llenando espacios; girando por sobre todas las superficies; tanteando, explorando.

La levedad y la armonía son aspiraciones fundamentales de la palabra del camino; aspiraciones relacionadas, por cierto, al ideal de todo caminante: liberarse del exceso de peso, aligerar la carga que pueda verse forzado a llevar.

La palabra del camino aspira a ser fiel a sí misma; por eso, se escribe y desescribe, se rompe y rehace, se fragmenta y retuerce hasta llegar a armonizar con las variadísimas circunstancias que la envuelven.

La palabra del camino convierte en arte la reflexión o la perplejidad frente al instante. Ahonda en la vida, ilustrándola en algunas de sus casi infinitas facetas.

A través de la palabra del camino, los autores apuestan a la firmeza de sus pasos, esforzándose en rechazar cuanto los debilite o desdibuje. La palabra del camino revela un inocultable horror ante la intemperie, ante los espacios demasiado vastos o demasiado impredecibles. Pero la intemperie es infinita; no existe palabra alguna capaz de cubrirla. Escribir podría convertirse, así, para algunos escritores en un esfuerzo por resguardarse del inmenso silencio circundante.

La palabra del camino se emparenta a una convicción: la de que, en la confusa suma de infinitas combinaciones que es la historia del mundo, acaso sólo las alusiones biográficas resulten genuinas identificaciones de lo humano.

La palabra del camino dibuja una forma de diferenciación. Somos en nuestra escritura. Somos esas imágenes que nuestra escritura postula. Nuestro individualismo se convierte en el punto de partida de una voluntad de nombrarnos.

La palabra del camino muestra la metamorfosis de nosotros mismos al interior de nuestros recorridos. Nos dibuja en una imagen que asumimos nuestra. Verbalizando nuestros ahoras conjuramos la pesadilla de la no significación del tiempo, el horror al vacío. La palabra del camino posee un fuerte contenido ético. Etica de la opción individualista de quien precisa apartarse de la confusión exterior para refugiarse en un signo que lo encarne. Frente a la complejidad, confusión y contradicciones de lo que llamamos “experiencia de vida”, se yergue la palabra que escribe a partir de esa experiencia.

Rótulos, clisés, lugares comunes, frases hechas son formas del todo insuficientes para nombrar el camino o la experiencia del camino, siempre inundada de perplejidades, contradicciones y emparentada muy de cerca al impredecible azar.

La palabra del camino señala un ir; pero, ¿hacia dónde? Ella contrasta la interminable oposición entre el albur y la persistencia. Por eso, fluctúa entre lo aleatorio y lo definitivo. El camino es, a la vez, permanencia y cambio; movilidad y fijación. A la fijeza se opone la continuidad. Lo definitivo se enfrenta a lo que, incesantemente, se metamorfiza. La palabra del camino es fijación de lo transeúnte. Transcurre y, en ese transcurrir, fija lo momentáneo; convierte en definitivo lo que es circunstancial. La palabra del camino es testimonio de nuestra voz expresando la vida que hemos recorrido. Es hallazgo que nos señala, eco o sombra de nuestros pasos.

La palabra del camino sugiere la posibilidad de decir lo que sólo la experiencia y la memoria, juntas, podrían evocar. Es experiencia volcada en palabra. Es memoria que recuerda los días cumplidos. La palabra del camino convierte el hecho de vivir en fragmento discernible.

Libertad, autonomía, independencia, autenticidad: términos necesarios para expresar lo que la palabra del camino es. Ella está cargada con un fuerte contenido ético. Eticidad de la opción del escritor que precisa apartarse de la confusión exterior para refugiarse en sí mismo y nombrarse desde esa palabra que lo encarna. La palabra del camino, lo he dicho alguna vez, debe poseer como uno de sus esenciales objetivos, conducir al escritor hacia su asilo, recuperar para él un espacio en el que poder reconocerse.

La palabra del camino es naturalmente egoísta: señala a un yo empeñado en mostrarse y en proclamar que ha vivido. La necesidad de saber que no desapareceremos con nosotros mismos, que existe la posibilidad de perdurar en palabras que nos nombren e identifiquen más allá de nuestra presencia, explica muchos de los sentidos de la palabra del camino.

La palabra del camino juega constantemente con diversos órdenes. Las verdades descubiertas por el caminante pueden ser, también, verdades de muchos o de todos. El mundo se refleja en el caminante y éste se refleja en el mundo.

Al hablar del mundo, la palabra del camino lo hace siempre a partir de un yo contemplador del mundo. El mundo visto a través de los ojos de ese yo. En ese punto, vida e historia comienzan a acercarse extraordinariamente: la vida del testigo dentro de la historia, la historia nombrada desde la vida de quien la testimonia; vida e historia conviviendo en una palabra afín que las asemeja e identifica.

En general, la palabra del camino suele saberse expresión incapaz de disipar del todo las tinieblas del desconcierto o la confusión. Una de sus desvirtuaciones sería la de ambicionar convertirse en documento de su tiempo, algo que significaría que su voz, necesariamente mesurada y necesariamente íntima, se transformase en prédica y profecía, convencida de los privilegios de su funcionalidad y su destino.

Impregnada de vida, la palabra del camino puede llegar a insertarse en la historia, alcanzando así, como sucedió en el caso de Nietzsche, a dibujar certeras intuiciones del porvenir de la humanidad.

Alguna vez escribió Nietzsche: “no quiero leer a ningún autor de quien se note que quería hacer un libro, sino sólo a aquéllos cuyos pensamientos llegaron a formar un libro sin que ellos se dieran cuenta”. Era su propio reconocimiento a la singular expresividad de la palabra de los caminantes, la que surge de la vida misma y que va sumando páginas que pueden conformar un libro; no el libro como propósito primero, sino el escribir la vida.

Nietzsche ejerció de una manera extraordinaria, una palabra compañera de curiosidades y testimonios; palabra que supo nombrar, por igual, las voces de su época y “la voz ligera de las diversas situaciones de la vida”. Por eso su escritura, hablando desde sí mismo, habló, también, de todos los hombres; verbalizando su propio mundo, alegorizó el mundo; ir y venir interminable entre lo individual y lo colectivo, una muestra de que los argumentos de la vida y los de la historia son formas análogas de la experiencia humana.

Tal vez por eso Nietzsche alcanzó a percibir, en su presente, lo que sería esta realidad que hoy nos rodea, terminado ya nuestro siglo XX. Su palabra ilustró el carácter de ciertos recorridos por los que la humanidad estaba destinada a transitar. Y emblemas y valores de nuestros días se reconocen y reflejan en aquellas verdades del caminante que fue Nietzsche, en sus interrogantes y respuestas de lúcido pensador y visionario poeta.

A pesar de la deuda que su palabra tiene con la poesía, en varias ocasiones Nietzsche se expresó muy despectivamente de los poetas, a quienes acusó de estar siempre dispuestos a pavonearse ante cualquier público que quisiera admirarlos. Los tildó, también, de superficiales: “no me parecen muy limpios que digamos; enturbian las aguas para que parezcan profundas”. En otra oportunidad los llamó también mentirosos: “el poeta considera al mentiroso como su hermano de leche”. Nietzsche no despreciaba a la poesía -que, de hecho, le perteneció siempre- sino a los poetas. Igual que le sucedía, por cierto, con los filósofos, a quienes llamaba “tejedores de telarañas”.

La palabra del camino en Nietzsche iba haciéndose, amplia, suelta, fragmentaria, de una suma de reflexiones y aforismos que entremezclaban tanto imágenes como itinerarios. En ella no es posible distinguir “métodos” ni “sistemas”. Es una escritura que asume como suya la regla esencial del camino: el recorrido lo es todo. Por eso ella parecía avanzar moviéndose siempre según la marcha de un ritmo originalísimo; evocando incesantemente el propósito de verbalizar el mundo desde la lucidez y la pasión; tratando de enfrentarse a todos los temas, todas las controversias, todos los dogmas, todas las paradojas, todas las verdades…

En La gaya ciencia, Nietzsche hace esta confidencia: “escribo para deshacerme de mis pensamientos”. Deshacernos de nuestros pensamientos: librarnos de los fardos acumulados, aligerar nuestros pasos. Es necesaria la ligereza para continuar el recorrido. En algún momento, Nietzsche habla de un arte “travieso, ligero, bailarín, burlón, infantil y alegre para no perder esa libertad por encima de las cosas que nos exige nuestro ideal”. Arte ligero: ¿arte que acompaña los aprendizajes del vivir?, ¿arte de la transformación?, ¿arte del recorrido por entre el barullo y la confusión? Al arte ligero debía corresponder un espíritu ligero, algo que no significa, en lo absoluto, superficialidad de espíritu. Ligereza implica saber andar libremente por el camino: sorteando en él sus asperezas y sus frecuentemente indescifrables desenlaces. Ligereza para escribir y seguir avanzando sin cesar nunca de aprender de las propias sorpresas.

Si pensamos, dice Nietzsche en algún otro momento, “no hay reposo”. El pensamiento busca respuestas que son descubrimientos; verdades propias: particulares y personales, también comunicables. Una verdad no puede guardarse, dice Nietzsche: tiene que salir fuera de quien la posee para conocer la luz y el contacto con los otros. “Todas las verdades que se callan se hacen venenosas”, dice. Verdades y no convicciones: las convicciones, comenta, son “más poderosas que las mentiras”. Y, en otro lugar: “De las pasiones nacen las opiniones: la pereza de espíritu las hace cristalizar en convicciones”.

La individualidad humana va dibujándose en medio de la búsqueda de verdades. La vida posee verdades que debemos descubrir: verdades para nosotros, verdades nuestras. Y el entorno bien podría ser modificado por la fe que depositemos en ellas.

Toda verdad, en el fondo, no deja de ser una ficción, una interpretación. Cada quien lleva sus verdades en sí mismo. “Por muy ávido que sea mi conocimiento -dice Nietzsche en La gaya ciencia– no puedo extraer de las cosas sino lo que ya me pertenece”. Esto es: me reconozco dentro del mundo y reconozco el mundo dentro de mí.

A lo largo del camino, todo es transformación. Nuestras verdades cambian porque nosotros cambiamos. La sabiduría va llegando lentamente a través de interminables aprendizajes que nos arrastran hacia nuevas verdades. En La gaya ciencia, Nietzsche comenta: “Ahora te parece un error lo que en un tiempo amaste como verdad o probabilidad: lo rechazas, y crees que se trata de un triunfo de tu razón. Sin embargo, tal vez ese error fuera para ti en ese entonces, en que aún fuiste otro -siempre eres otro- tan necesario como todas tus ‘verdades’ de ahora”.

Nietzsche expresa un saber que suponemos muy semejante al origen del filosofar en el mundo griego: un esfuerzo con que guiarnos dentro del camino: para crecer y llegar a ser felices, o, al menos, para sobrevivir dentro de él. Nietzsche se refiere, en algún momento, al estoicismo y al epicureísmo como saberes fundamentales de la supervivencia. Epicúreo es quien aprovecha las circunstancias que le ofrece la vida para disfrutarlas en toda su plenitud. Estoico es quien sabe resignarse ante lo que no podría ser cambiado. El epicúreo selecciona, escoge. El estoico acepta lo inevitable. Nietzsche comenta en sus palabras: “El epicúreo selecciona la situación, las personas y aún los eventos que corresponden con su extrema irritabilidad intelectual y renuncia a lo demás porque sería indigno para él una comida demasiado fuerte e indigesta. En cambio el estoico se ejercita en la ingestión, sin asco, de piedras y gusanos, vidrio picado y escorpiones; su estómago tendrá que terminar siendo indiferente a todo lo que vuelque en él el azar de la existencia”.

Nietzsche enfatiza en la importancia de lo irracional dentro de la vida del hombre. Sentimientos y pasiones caracterizan nuestras actitudes tanto como las ideas y los argumentos. La vida no es sólo lógica. Es, también y quizá sobre todo, pasión, duda, deseo. La historia anecdótica de los grandes sucesos humanos, dirá en algún momento, no es tan expresiva como podría serlo la historia de los sentimientos; una historia que evocaría la memoria de los sufrimientos y devociones de los pueblos, sus desprecios tanto como sus admiraciones, sus mitos y sus aceptadas mentiras.

Nietzsche opone la sabiduría del contemplador a la del hombre de acción. El primero, logra dibujar “el mundo que le importa al hombre”. El mundo que nos rodea, que conocemos, que nos identica e identificamos, es el mundo creado por la palabra y la imaginación de los contempladores. Ellos son los verdaderos autores del universo humanizado. Ellos, en su imaginación, en su verbalización, son creadores del espacio que nos envuelve y habitamos. “¡Nosotros -dice Nietzsche- hemos creado el mundo que le importa al hombre! Sin embargo, precisamente esto no lo sabemos, y cuando por un instante, captamos ese saber, lo olvidamos al momento: los contemplativos desconocemos nuestra mejor fuerza y nos valoramos en un grado demasiado bajo -no somos ni tan orgullosos ni tan felices como podríamos serlo”.

Nietzsche habla de la locuacidad de los escritores: la de la ira, por ejemplo, que le imputa a Schopenhauer; o la de la conceptualización, que le achaca a Kant; o la del deleite de buscar palabras nuevas para decir las mismas viejas cosas que le adjudica a Montaigne… Nietzsche poseyó como locuacidad totalmente personal la de una individualidad lúcida y apasionada, inquisitivamente colocada frente a un mundo que, por sobre todo, era preciso comprender. No puedo dejar de recordar las Memorias del subsuelo de Dostoyevski, novela donde su protagonista, el hombre del subsuelo, comunica a sus lectores todo cuanto percibe desde el espacio de su conciencia; un espacio que, a la vez que lo aísla, le permite vislumbrar mejor, entender mejor. Nietzsche, con su palabra se muestra, también, como un ser subterráneo; un contemplador que, desde el escondrijo de su conciencia, divisa -y cuestiona- una vastedad infinita colocada ante él. Por cierto, el propio Nietzsche en El crepúsculo de los ídolos, hace un abierto reconocimiento a la importancia de Dostoyevski en su obra. “Dostoyevski -dice-, el único psicólogo, dicho sea de paso, del que yo he tenido que aprender algo: él es uno de los más bellos golpes de suerte de mi vida…”

Para Nietzsche la vida es intemperie y es azar. Terrible e inexplicable, ella es riesgo interminable. El ser humano se esfuerza constantemente en conjurar ese riesgo. Un antídoto contra él será la voluntad; otro, la escritura, el arte. El arte es coherencia, sentido expresivo, unidad orientadora. “El arte -explica- es una forma de proporcionar un alivio a la conciencia sobrecargada de sensaciones … Del arte se puede pasar más fácilmente a una ciencia filosófica verdaderamente liberadora”. Y, en otro momento: “Crear: éste es el gran alivio al dolor y lo que hace fácil la vida.” El arte condensa y expresa. Toca lo elusivo, alcanza a definir lo indefinible. El arte nunca podría ser falso. No puede engañar. El se asocia a lo más genuino y veraz del tiempo humano.

La palabra de Nietzsche se propuso ahondar en el desenmascaramiento constante de numerosísimas paradojas humanas. Verbigracia la de que principios errados puedan generar gestos y comportamientos legítimos. O la de que la esperanza sería el peor de los males al prolongar torturadamente las ilusiones de los hombres. O la de que las malas acciones de éstos podrían, acaso, ser motivadas por un instinto de conservación, en cuyo caso dejarían de ser “malas” para convertirse en “necesarias”. O la de que el hombre piensa que lo bueno se impone por sí mismo y lo malo no; cuando bien podría suceder lo contrario: que las cosas buenas no se aceptasen, en tanto que los errores sí. Tales paradojas, dice Nietzsche, no son sino una directa consecuencia de algo: los hombres nos rodeamos de ficciones para entender, para identificar, para actuar; espejismos para guiarnos; ideas para poder continuar en el camino.

A fines del siglo XIX, una idea -un espejismo- el progreso, pareció deslumbrar a casi todas las mentes. Nietzsche desconfió de ella. La consideró culpable de deformar visiones y creencias. Frente al progreso, ante la idealización del futuro, Nietzsche erigió su propia idea: la de la necesaria afirmación del ser humano en el aquí y el ahora, la de una interminable apuesta del individuo hacia todos sus momentos vividos. La apuesta por el ahora significa afirmarse ante la vida diciéndole “sí”. Vivacidad de la vida y vivacidad de todos los instantes que la componen. La existencia -postula Nietzsche- bien pudiera ser para el ser humano un premio o una pesadilla. Una pesadilla para todo aquél que no sepa vivirla, disfrutarla o entenderla; un premio para aquellos seres capaces de afirmarse en la interminable aserción de su voluntad y de rechazar el escapismo fácil de las promesas religiosas (Para Nietzsche un ser de espíritu religioso que niegue esta vida en beneficio de la vida ultraterrena es, ante todo, un desperdiciador).

Como dije antes, la palabra del camino se desvirtúa al aspirar a convertirse en comunicación de la prédica o de la profecía. En ambas incurrió Nietzsche en diversos momentos de su obra, pero, muy especialmente en Así habló Zaratustra, libro donde se abandona la necesaria mesura de la palabra del caminante en beneficio de la premonición de nuevos signos históricos. Así habló Zaratustra es un símbolo de edades nuevas protagonizadas por hombres nuevos. “Con una voz fuerte -dice Nietzsche- se es casi incapaz de pensar cosas sutiles”. Es la mejor prueba de algo totalmente perceptible: nada en Así habló Zaratustra podría merecer el calificativo de “sutil”.

La parábola que es Así habló…, escrita a finales del siglo XIX, se comunica muy estrechamente con cierto sentido ético de nuestro siglo XX, una época que ha impuesto a los hombres la moral necesaria de los supervivientes. Hoy, más de un siglo después, desvanecido definitivamente el espejismo del progreso, lo que perciben los hombres a su alrededor no es la decadencia que presintió Nietzsche sino otra cosa: el apocalipsis. La noción del riesgo apocalíptico evoca un porvenir que peligra en cualquier posible error humano. La visión apocalíptica dice que el futuro depende de este presente que estamos construyendo ahora.

Como alguna vez he comentado, el sentimiento de habitar un mundo al borde del apocalipsis, arrastra a los seres humanos hacia dos actitudes opuestas; de un lado, la autodestrucción; del otro, un esfuerzo de supervivencia. “Lo imprevisible genera imágenes de opciones contrapuestas: vivir o morir, crecer o decaer, debilitarnos o fortalecernos, perdurar o desaparecer… El tiempo del apocalipsis es el del presente sin mañana, el de la desesperación circular. El tiempo de la supervivencia es el del equilibrio en medio de lo siempre precario, el de la previsión ante lo inesperado, el tiempo donde no existen ni débiles ni fuertes, porque todos, eventualmente, somos débiles; porque todos, definitivamente, somos vulnerables”. Autodestrucción es pulsión de muerte, hedonismo fácil, consumismo, vacuidad, fragilidad de referencias y relaciones, evanescencia de significados y valores. Frente a esto, la supervivencia podría concebirse como la iniciativa creadora dentro de los espacios clausurados, una fuerza vitalizadora dentro de lo devastado y lo precario.

La supervivencia para Nietzsche consistía en decir “sí” a la vida, a la pasión del vivir. Si “Dios ha muerto”, entonces la absoluta soledad del hombre podría -debería- conducirlo, más que hacia la desesperación y la desmesura del “todo está permitido”, hacia la plena entrega a la vida. Voluntad de sobrevivir expresada en pasión por la vida, intensidad de vida.

Del “silencio eterno de los espacios infinitos que ignoro y que me ignoran” de Pascal a la “muerte de Dios”, de Nietzsche: el paso de la historia humana fue apuntando hacia la necesaria autosuficiencia del hombre, a su independencia y su soledad. Una soledad que proclama que el destino de los hombres pertenece únicamente a sus obras, que son éstas su propio cielo o su propio infierno. Cielo o infierno, felicidad o infelicidad, plenitud o vacío: posibilidades opuestas que reposan en las manos de seres humanos capaces de crecer o desmoronarse, de sobrevivir o desaparecer.

Nietzsche fue uno de los primeros en intuir que los seres humanos habíamos entrado “en una época en que la civilización está en peligro de sucumbir a causa de los medios de la civilización”. Las respuestas de Nietzsche aludieron una y otra vez a la visión de un ser que lograría sobrevivir y crecer dentro de un tiempo sin dioses y sin ideales de futuro sólo si se afirmaba en él mismo y en la validez de sus obras y respuestas; un nuevo individuo diferente a quien todo podría permitírsele, todo salvo la incapacidad para sobrevivir.

Dice Nietzsche en La gaya ciencia “¿Qué es originalidad? Ver algo que aún no tiene nombre, que aún no puede ser nombrado aunque esté a la vista de todo el mundo … Los hombres originales han sido, en general, también los ponedores de nombres”. Nietzsche, desde su propia peripecia de lúcido e inquisitivo caminante, desde su voz, desde su palabra del camino, colocó nombres, muchos de los cuales hoy todos repetimos. Nombres que identifican gran parte de los signos éticos de nuestro tiempo al describir, de tantas y tan certeras maneras, la pluralidad y la incertidumbre. Nietzsche fue original en su tiempo y sigue siéndolo aún en el nuestro porque su voz individual supo vislumbrar por entre la voz de la historia. De allí que haya podido nombrar tan acertadamente el porvenir y sus premoniciones resultar tan proféticamente exactas.

 

Grupo PRISA y el monárquico Elcano difaman a Bolívar y atacan a Chávez

 Por: Modesto Emilio Guerrero APORREA:ORG

20 de septiembre 2010.-Hace pocos días, el 14 de septiembre, ocurrió algo muy extraño en Buenos Aires. Asistí a una curiosa, por decir lo menos, convocatoria para la presentación de una fulana Historia Latinoamericana labrada en España, faltaba más. Me encuentro entonces frente a un ex argentino, extraño personaje reconvertido en súbdito español, de gustos monárquicos y prosopopeya petulante como si sumara la de Madrid con la porteña. El estrambótico personaje visita Buenos Aires y compungidamente arremete contra el Libertador Simón Bolívar.

Aseguró, suelto de verbo, que Simón Bolívar fue algo semejante a un agente pro monárquico. Y sugirió que Hugo Chávez comete estafa cada vez que relaciona la integración latinoamericana actual con las ideas del fundador de Colombia y el Congreso Anfictiónico.

El Grupo editorial Santillana y la Fundación española MAPFRE, ambas tributarias del imperio español y relacionadas con el oscuro mundillo de la nueva derecha iberoamericana, presentaron su colección de 93 tomos sobre historia de América latina, España y Portugal. Cuatro “académicos” se hicieron cargo del curioso “conversatorio” ancestral de Buenos Aires, moderado por una periodista argentina en un lujurioso hotel cinco estrellas de alfombras decimonónicas y sillones aterciopelados, que recordaban las boites nocturnas de la empelucadamente etílica burguesía parisina de antes de la Revolución Francesa. El toque medieval lo aportó la presencia anodina de la Infanta Elena de Borbón, tan imperceptible ella como la gracia de su reino.

El asunto es que el “académico” Malamud, ficha clave de la Fundación Elcano, una entidad de inteligencia estratégica que vincula al semimonárquico Felipe González, verdadero jefote del grupo Prisa, o grupo risa como diría la taimada prensa madrileña, con el falangista y monárquico absoluto José Ma. Aznar, creyó –y algunos le habrán creído- que su “revelación” histórica sobre el monarquismo de Bolívar, era tan sorprendente, como el hielo que 100 años atrás descubrió con sus propios ojos el niño Aureliano Buendía en Macondo.

Malamud dijo: “Es un absurdo creer que el integracionismo latinoamericano, tiene algo que ver con el Bolívar de 1810. Esa es una estafa de hoy. Simón Bolívar luchó siempre por la recomposición del imperio español quebrado”.

Nada le fue suficiente. Ni el proyecto de Miranda y las ideas del ecuatoriano Francisco Espejo, continuados por la generación de 1808-1810, de la que Bolívar fue su más avanzada expresión personal, ni 14 años de guerra incruenta en la zona andina caribeña contra el dominio español y sus instituciones, ni la Carta de Jamaica en la que adelanta la idea del tercermundismo anti imperialista del siglo XX, ni el Discurso de Angostura y su legislación revolucionaria, o el Decreto de Guerra a Muerte para distinguir “españoles colonialistas” de “criollos oprimidos”, o la fundación de Colombia, la de los tres territorios prehispánicos presidida por él bajo el signo de la descolonización, ni el proyecto de avanzar hasta Puerto Rico y Cuba y desde allí hasta ocupar Madrid… nada, absolutamente nada le es suficiente al académico imperial Malamud.

Aunque el hombre tuvo el cuidado de ocultar al pecador que promueve la “nueva interacción” y su vinculación con Bolívar, a nadie en su sano juicio le cupo dudas que se trataba del mismísimo Hugo Chávez, el fantasma que conturba a académicos como Malamud y a los engominados tomos que presentaban en Buenos Aires.

Nadie debe extrañarse, en Buenos Aires, Caracas o Madrid, que 200 años después, sobrevivan seres antediluvianos como Malamud: un converso que prefirió, como Vargas Llosa, ser un “español de pura sangre” antes que una “mala copia sudaca”, monárquico vergonzante y enemigo de todo lo nuevo en América latina. Y sobre todo, un falsificador de la historia. Pobre de quien se atreva a leer alguno de los 93 tomos de factura tan monárquica como sus redactores.

La Fundación Elcano está presidida por el empresario ultraderechista Eduardo Serra Rexach, ex ministro de defensa, Presidente del Banco UBS Warburg y miembro del Club de Bilderberg. A su vez se relaciona con la Fundación Carolina, una de las patrocinadoras más activas de la nueva derecha latinoamericana, junto a empresas como Telefónica, BBVA, Grupo Prisa, IBM, el Ministerio de Defensa de España, el ultramontano Grupo Recoletos, Santander Central Hispano, entre otras entidades de vocación imperialista bien definida. La difusión de las obras que patrocina el grupo derechista Elcano en nuestros países, se apoya en una red de emporios editoriales como Santillana, Taurus y más de mil medios y editoriales en el hemisferio (ver estudio exhaustivo de la investigadora venezolana Marianela Urdaneta en su blog: marianela.nireblog.com/…/los-grupos-mediaticos-espaaoles-y-sus-intereses-en-venezuela-y-amarica-latina)
Para comprender los motivos (económicos, políticos e ideológicos) del presente, y los objetivos estratégicos de académicos como Malamud, entremos a su madriguera. Nos referimos al fulano Club de Bilderberg, lo más similar al ensombrecido escenario principesco de la noche del 14 de septiembre en el hotel cinco estrellas de Buenos Aires.

Leamos lo que informa el investigador español Daniel Estulin, en su trabajo “Los Secretos del Club Bilderberg”, publicado en 2008.

“En 1954 [años de Guerra Fría, Maccarthismo y anticomunismo furioso], muchos de los hombres más poderosos del mundo se reunieron por primera vez bajo el patrocinio de la familia real de Holanda y la familia Rockefeller en el lujoso Hotel Bilderberg, en la pequeña población de Ooesterbeck. Durante un fin de semana debatieron sobre el futuro del mundo. Al acabar las sesiones, decidieron reunirse todos los años con el fin de intercambiar ideas y analizar la evolución internacional. Se bautizaron a sí mismos como Club Bilderberg y, desde entonces, año tras año se reúnen durante un fin de semana en algún hotel del mundo para decidir el futuro de la humanidad. Entre los miembros actuales de este selecto club se encuentran Bill Clinton, Paul Wolfowitz, Henry Kissinger, David Rockefeller, Angela Merkel, Jacques Chirac, Donald Rumsfeld, Tony Blair y George Soros, además de muchos otros jefes de gobierno, empresarios, políticos, banqueros, periodistas y españoles de primer nivel como Rodrigo Rato, Matías Rodríguez Inciarte, Juan Luis Cebrián, Joaquín Almudia, Pedro Solbes, Loyola de Palacio, Joseph Borrell, Jaime Carvajal de Urquijo y Javier Solana.

O sea, los patrocinantes del Sr. Malamud y de las ediciones bibliofágicas del Grupo Santillana son los mismos responsables operativos de golpes de Estado (Kissinger, Rockefeller), guerras genocidas (y de las otras: Rumnsfeld, Clinton, Blair, Merkel, Wolfowitz) , destrucción de economías obreras, municipales y nacionales mediante el neoliberalismo (Chirac, Merkel, Rato, Solanas), en Europa, Estados Unidos y en decenas de países del mundo, financistas especuladores como Soros y Rockefeller, vendedores de armas como Rumsfeld y una pléyade políticos y periodistas como Solanas, Almudia y los otros, todos autores de las peores medidas sociales que haya conocido Europa en medio siglo.

¿Qué hacen Elcano, Malamud y Santillana (Prisa) en Venezuela?

Además de promover y auspiciar conspiraciones como la de abril de 2002 desde el asociado Banco Bilbao Vizcaya y el diario El País, medio que publica las campañas más sistemáticas contra el presidente venezolano, el grupo editorial Santillana se constituyó en un emporio dominante en el negocio de libros, radios, TV y revistas en el país bolivariano.

Allí nace la preocupación y el peligro de su presencia en Venezuela: ¿Qué racionalidad humana puede explicar que el mismo grupo editorial, miembro de la red que demoniza al presidente y conspira contra la revolución bolivariana, a su vez aumente su facturación, ganancias y posicionamiento en el mundo cultural venezolano?

Mientras en España sufrieron una crisis financiera entre 2005 y 2006, que los mantiene con una deuda de 3.500 millones de euros, muchos gobiernos de América latina les facilitaron sus “mercados” para recomponerse introduciendo sus capitales y difundir historias filo monárquicas de editoriales carísimas y medios que convierten la realidad en ficción, y vicerversa. Mientras tanto, desde Madrid, Buenos Aires y Barcelona, satanizan cotidianamente a los gobiernos de Evo Morales o Hugo Chávez, con el objetivo expreso de fragilizarlos y desestabilizarlos. De allí la expresión del académico Malamud: “Un aventurero golpista como Hugo Chávez se quedara con las riendas del poder”. (La Nación, F. Laborda, 15 de septiembre 2010).

En su trabajo de investigación, la autora venezolana Marianela Urdaneta, hace este mapa del poder adquirido por un grupo empresario tan enemigo del gobierno bolivariano como el mejor servidor del Palacio de Oriente en Madrid. “Los ingresos de Santillana en España aumentaron solo un 7,8%, pero las ventas en Latinoamérica registraron incrementos enormes, sobre todo en Brasil (45% más que en 2004), México (22%), Venezuela (44%), Colombia (37%) y Argentina (25%). Santillana Ediciones Generales SL ha adquirido el 75% del capital social de la sociedad brasileña editora Objetiva Ltda, según ha comunicado PRISA a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV). Unión Radio es el primer grupo de radio en los mercados de habla española, con más de mil 235 emisoras entre propias y asociadas, distribuidas en España, Estados Unidos, México, Colombia, Costa Rica, Panamá, Argentina y Chile. La compañía, cuyas emisoras cuentan ya más de 28 millones de oyentes, tiene planes para ampliar su presencia en Estados Unidos y América Latina. Unión Radio, la empresa del Grupo PRISA que opera los negocios de radio, ha adquirido el 100% de Iberoamerican Radio Chile a Claxson Chile, S.A., la primera cadena radial de este país, con 140 emisoras. La facturación del Grupo Iberoamerican asciende a alrededor de 21 millones de dólares (unos 16 millones de euros)”.

“Para el 2007 el Grupo estaba constituido como la corporación con mayor facturación en España con un ingreso, procedente en los medios de comunicación) de 1.940 millones de euros, lo cual representa el 80% de sus ingresos totales (Almiron, 2009). En Venezuela el grupo Prisa está presente a través de la editorial Santillana, y además ha hecho vínculos económicos con uno de los principales conglomerados privados del país: Grupo Cisneros. Cisneros junto con el Grupo Phels tiene el mayor dominio y control sobre los medios que circulan en Venezuela”.

“El mercado venezolano es la mayor filia del BBVA en Latinoamérica (a través del Banco Provincial) y representa el 5% de los beneficios del grupo y el 1% de los activos totales, lo que lo que hace evidente el interés económico existente del Grupo Vocento en la nación suramericana y corrobora el énfasis plasmado en el diario ABC, dejando en evidencia una vez más que los medios responden a los intereses mercantiles, comerciales e ideológicos de sus propietarios, unos intereses que no necesariamente debe ser el camino más adecuado para que una sociedad funcione mejor”.

La preferencia del Grupo Elcano, y de sus promotores, como Carlos Malmud y sus 93 tomos de falsificaciones, se retratan de cuerpo entero en estas frases de un trabajo presentado en su página web, dedicado a la “identidad latinoamericana” en cuatro países del “cordón del Pacífico”, Chile, Perú, Colombia y México. No por casualidad estos son los gobiernos que decidieron apartarse de los nuevos procesos de América latina y someterse al dominio de EEUU: “A pesar de sus diferencias, presentan algunas convergencias en materia de política exterior que les separan de otros países de América Latina. Económicamente han seguido estrategias de regionalismo abierto favorables a la participación en distintos esquemas de integración económica y comercial. Aun cuando se trata de países con gobiernos de distinto signo ideológico, desde derecha y centro derecha (en Colombia y México) hasta la izquierda (en Perú y Chile), todos favorecen un modelo de integración en la economía mundial de corte liberal, distinto al que promueven otros países en la región”.

Definir a Colombia como “derecha” y a México como “centro derecha” es tan “académicamente riguroso” como asegurar que ambos practican la mejor democracia del continente porque la gente vota, mientras la realidad es que a su interior sus poblaciones trabajadoras pobres viven genocidios y matanzas ante nuestros ojos.

Pero a gente como Malamud nada le sienta bien, excepto cuando se trata de gobiernos permisivos con capitales depredadores como el Grupo Santillana para no intranquilizar al talmúdico imperio de los Borbones y sus sorprendentes historias de fantasía….Ole.

China y el nuevo orden mundial (Parte I) Por: Noam Chomsky

Entre todas las supuestas amenazas contra la superpotencia dominante en el mundo, un rival está emergiendo callada y poderosamente: China. Y Estados Unidos está sometiendo las intenciones chinas a un estrecho escrutinio.

El 13 de agosto, un estudio del Pentágono expresó preocupación de que China esté expandiendo sus fuerzas militares en formas que “podrían negar la operación de los barcos de guerra estadounidenses en aguas internacionales cercanas a la costa”, informó Thom Shanker en The New York Times.

A Washington le alarma que “la falta de apertura de China acerca del crecimiento, capacidad e intenciones de sus fuerzas militares inyecte inestabilidad a una región vital del planeta”.

Estados Unidos, por otra parte, es sumamente abierto acerca de sus intenciones de operar libremente por “la vital región del planeta” que rodea a China (como en otros lugares).

Estados Unidos anuncia su vasta capacidad para hacerlo: con un presupuesto militar creciente que aproximadamente iguala al del resto del mundo combinado, cientos de bases militares en todo el mundo y una ventaja enorme en la tecnología de destrucción y dominio.

La falta de comprensión de China de las reglas de cortesía internacional fue ilustrada por sus objeciones al plan de que el moderno portaviones de energía nuclear USS George Washington tomara parte en julio en las maniobras conjuntas EEUU-Sudcorea cerca de la costa de China, con una supuesta capacidad de atacar Pekín.

En contraste, Occidente comprende que tales operaciones estadounidenses se llevan a cabo para defender la estabilidad y su propia seguridad.

El término “estabilidad” tiene un significado técnico en el discurso de asuntos internacionales: dominio de Estados Unidos. En consecuencia, nadie eleva las cejas cuando James Chace, ex editor de Foreign Affairs, explica que, con el fin de tener “estabilidad” en Chile en 1973, era necesario “desestabilizar” al país , derrocando al gobierno elegido del presidente Salvador Allende y colocando al general Augusto Pinochet, quien procedió a matar y torturar con abandono e imponer una red de terror que ayudó a establecer regímenes similares en otros países, con el apoyo estadounidense, en pro de la estabilidad y seguridad.

Es rutinario reconocer que la seguridad de EEUU requiere de control absoluto. La premisa recibió el imprimátur académico del historiador John Lewis Gaddis, de la Universidad de Yale, en Sorpresa, seguridad y la experiencia estadounidense, donde investiga las raíces de la doctrina de guerra preventiva del presidente George W. Bush.

El principio operativo es que la expansión es “la ruta hacia la seguridad”, una doctrina que Gaddis remonta a hace dos siglos , al presidente John Quincy Adams, autor intelectual del Destino Manifiesto.

Cuando Bush advirtió “que los estadounidenses deben ‘estar listos para acción preventiva cuando sea necesario para defender nuestra libertad y defender nuestras vidas”‘, señala Gaddis, “se estaba haciendo eco de una antigua tradición más que estableciendo una nueva”, reiterando principios que presidentes desde Adams hasta Woodrow Wilson “hubieran entendido… muy bien”.

E igualmente los sucesores de Wilson, hasta el actual. La doctrina del presidente Bill Clinton era que EEUU tiene derecho a emplear fuerza militar para asegurar “acceso no inhibido a mercados clave, reservas de energéticos y recursos estratégicos”, sin necesidad de idear pretextos del tipo de los de Bush II.

Como lo sabe cualquier don de la mafia, incluso la ligera pérdida de control podría llevar a la pérdida del sistema de dominio de otros, que serían alentados a seguir la misma ruta.

Este principio central de poder está formulado como la “teoría dominó”, en la lengua de los formuladores de política, que en la práctica se al reconocimiento de que el “virus” del desarrollo independiente exitoso podría “esparcir contagio” en otras partes, y por tanto debe ser destruido mientras las víctimas potenciales son vacunadas, de hecho, mediante dictaduras brutales.

Según el estudio del Pentágono, el presupuesto militar de China creció a aproximadamente 150 mil millones de dólares en 2009, acercándose a “una quinta parte de lo que el Pentágono gastó para operar y llevar a cabo las guerras en Irak y Afganistán” en ese año, lo cual, por supuesto, es sólo una fracción del presupuesto militar estadounidense.

Las preocupaciones de EEUU son comprensibles, si uno toma en cuenta la suposición, virtualmente no cuestionada, de que Estados Unidos debe mantener “un poder incuestionable” sobre buena parte del mundo, con “supremacía militar y económica”, al tiempo que asegura la “limitación de cualquier ejercicio de soberanía” de Estados que pudieran interferir con sus planes globales.

Esos fueron los principios establecidos por planificadores de alto nivel y expertos en política exterior durante la Segunda Guerra Mundial, al desarrollar el marco del mundo de la posguerra, que en gran parte fue instrumentado.

EEUU debía mantener este dominio en una “Gran Área” que, cuando menos, debía incluir el hemisferio occidental, el Lejano Oriente y el ex imperio británico, incluyendo los vitales recursos energéticos del Oriente Medio.

Conforme Rusia empezó a pulverizar a los ejércitos nazis después de Stalingrado, las metas de la Gran Área se extendieron para abarcar tanto de Eurasia como fuera posible. Siempre se entendió que Europa podía seguir un rumbo independiente , quizá la visión degolista de una Europa desde el Atlántico hasta los Urales. La Organización del Tratado del Atlántico Norte (Otan) en parte tenía la intención de contrarrestar esta amenaza, y la cuestión sigue muy vigente hoy día al incluir la Otan a una fuerza de intervención dirigida por Estados Unidos y responsable de controlar la “crucial infraestructura” del sistema global de energía del que depende Occidente.

Desde que se convirtió la potencia dominante global durante la Segunda Guerra Mundial, EEUU ha tratado de mantener un sistema de control mundial. Pero ese proyecto no es fácil de sostener. El sistema está erosionándose visiblemente, con implicaciones significativas para el futuro. China es un protagonista y rival cada vez más influyente.