Fidel Castro: “¡Un mundo mejor es posible”

or V.Borodáiev
I Parte

Cuba ha conmemorado el 50º aniversario del desembarco de expedicionarios del “Granma”, realizado en 1956 por un grupo de 82 combatientes del Movimiento 26 de Julio con Fidel Castro al frente. Este acontecimiento – la fiesta nacional de Cuba: Día de las Fuerzas Armadas Revolucionarias- prologó la etapa de rebeldía en la historia de la Revolución Cubana que triunfó el 1 de Enero de 1959. El 13 de Agosto de 2006, es decir, tres meses y medio antes de ese glorioso Cincuentenario, Fidel Castro cumplió 80 años. En Cuba se decidió celebrar simultáneamente ambas efemérides. Porque en agosto Fidel Castro fue sometido a una complicada intervención quirúrgica y se requirió tiempo para que el comandante recuperara su habitual vigor. Pese a la ausencia de Fidel en la tribuna, el ambiente festivo estaba impregnado de su presencia. El líder cubano se opone en principio a que sea ensalzada su personalidad. Siempre ha celebrado con extrema modestia sus cumpleaños.

En las instituciones oficiales del país usted podrá ver los retratos del Apóstol de la independencia cubana, José Martí, y de los héroes de la revolución: Ernesto Che Guevara o Camilo Cienfuegos. En su honor fueron erigidos los monumentos, sus nombres llevan escuelas, hospitales, empresas, etc. Pero no existe un solo monumento a Fidel Castro. El único monumento que apareció en vida del jefe revolucionario lo son la verdadera independencia obtenida por Cuba, la sociedad basada en la justicia social, la alfabetizació n total, la nación moral y físicamente sana en marcha hacia un luciente porvenir.

Fidel forma un todo único con el pueblo, personifica la revolución y, por esta razón, cada hito importante en su desarrollo se considera con pleno derecho su victoria.

El 2 de diciembre es una fecha singular. Entonces, al cierre de 1956, cuando Fidel Castro apenas cumplió 30 años, todo el mundo oyó por primera vez su nombre orlado con el grado de “Comandante en Jefe”. Precisamente en aquel lejano año, tras abrirse paso, en medio de combates sangrientos, hacia la inaccesible Sierra Maestra, Fidel izó sobre la pulgada liberada de la tierra cubana la bandera de “primer territorio libre de América” que hasta hoy en día ondea orgulloso sobre la Isla de la Libertad.

También ahora, medio siglo después, Fidel Castro sigue siendo líder reconocido del país que casi cincuenta años, bajo su dirección, no deja de despertar sincero interés entre millones de habitantes del orbe. Resulta difícil decir si pudiera realizarse la profunda revolución de liberación nacional en esa isla caribeña, feudo del capital norteamericano, si al frente de esa no se hubiera encontrado Fidel. El siglo pasado y los principios del presente han demostrado de manera convincente el ingente papel que los distinguidos líderes desempeñan en la elección de modelos de desarrollo de diversos países.

Castro es personalidad extraordinaria. A nadie deja indiferente. El autor de estas líneas, en virtud de su profesión, durante muchos años y en las más diversas circunstancias, ha podido observar la actitud hacia Fidel Castro en varios países. La principal conclusión que se impone al respecto, es evidente: por lo regular, el enfoque hacia Fidel Castro dista mucho de las emociones y del profundo estudio científico. En este sentido la reacción del taxista madrileño o del catedrático de la Universidad de Estocolmo al nombre de Fidel Castro sólo se distingue por los estilos de pensamiento mundano o científico. Cuando se habla del jefe de la revolución cubana, o lo defienden a todo trance, o lo denuestan montando en cólera.

A título de ejemplo, voy a mencionar un episodio de la visita realizada hace tres años y medio por el líder cubano a otro país latinoamericano. A últimos de mayo de 2003 Fidel Castro estuvo de visita en Argentina a invitación del justicialista Néstor Kirshner, recién elegido presidente. Fidel asistió a la ceremonia de su entrada en funciones. La entrevista de los dos líderes duró 65 minutos, habiendo rebasado mucho los marcos protocolares. Al dirigente del único país socialista del Hemisferio Occidental lo invitaron a intervenir en la Facultad de Derecho de la Universidad capitalina. Mucho antes del acto se puso en claro que la Facultad no podía dar cabida a todos los deseosos de escuchar a Castro. Cuando el programa de telenoticias anunció la próxima intervención de la “leyenda latinoamericana” , a la Universidad se dirigieron miles de personas.

Ya antes del discurso de Fidel, muchos miles de estudiantes y habitantes de la capital argentina llenaron la plaza frente al edificio de la Facultad. El pueblo no dejaba de llegar. El Ministro de Exteriores de Cuba, Felipe Pérez Roque, pidió a los reunidos organizar el acto directamente en la plaza. Los medios de comunicación locales hicieron lujo de su habilidad: instalaron inmediatamente gigantescas pantallas y potentes portavoces. El interés por la intervención era tan grande que varias cadenas de la TV argentina transmitían el discurso hilo directo. El discurso improvisado de Fidel duró dos horas y media.

La conclusión principal fue unívoca: “¡Un mundo mejor es posible!” Ese discurso aumentó el interés de los medios de comunicación internacionales por el líder político quien como Don Quijote estaba dispuesto a abatirse en solitario contra todos los vientos por los ideales de la justicia, ridiculizados y calumniados por quienes se crean actualmente dueños del mundo en que vivimos.

El mérito de Fidel Castro obedece a muchas causas. En el contexto del predominio de una sola superpotencia y del impetuoso proceso de globalización, en la comunidad mundial arraigó la idea de que no hay ni puede haber alternativa real al modelo de desarrollo que Estados Unidos busca imponer a la humanidad, en la que “cada mochuelo ha de conocer su olivo”. Esta perspectiva es poco atractiva, sobre todo para los países pobres del llamado “Tercer Mundo” o del “Sur”.

Existe un apreciable número de Estados, cuyas élites políticas se atienen a la actitud de rechazo a las directivas de Washington. Intentan aplicar la política soberana y a veces emiten en voz alta su opinión particular.
Sin embargo, sus posturas no tienen gran repercusión o porque las exponen de forma demasiado “circunspecta” -para no decir tímida-, o porque se adhieren al grupo de aliados más allegados de EE UU, ansiosos de ampliar su nicho, es decir, aumentar “su tajada del pastel” devorado por los llamados “mil millones favorecidos” .

Los demás cinco mil millones de habitantes de los países pobres no hacen más que recoger migajas caídas casualmente de la “opípara mesa señoril”, a pesar de ser extraordinariamente grande el aporte que hacen los países menesterosos a tamaña abundancia. A este respecto, vale la pena recordar el viejo refrán que reza:”Panza llena se ríe del hambre ajena”.

De vez en cuando se oyen voces desesperadas e incluso belicosas procedentes de algunos países en vías de desarrollo. Pero, por lo regular, como en el caso de Corea del Norte, están destinadas mayormente para uso interno, y pasan casi desapercibidas en el mundo debido a las específicas características civilizadas de ese país.

El mérito de Fidel Castro consiste en que es distinguido representante de la cultura universal quien comprende perfectamente a todos y a quien, por su parte, casi todos tratan como a uno de los suyos. Sus opiniones pueden ser compartidas o rechazadas, pero Fidel emplea un lenguaje que está al alcance de cada ser humano.

Cuba como país latinoamericano pertenece a esa inmensa región. Es el país del Hemisferio Occidental y a simple vista se observa la intercompenetració n de las culturas latinoamericana y norteamericana en la isla. Al mismo tiempo, durante siglos de colonización y estrechos lazos, la cultura de Cuba absorbió los rasgos principales de la civilización europea. Pero Cuba es un país que abrió sus puertas a un apreciable número de africanos. No es casual que cuando La Habana prestaba ayuda militar y civil a los países del continente negro, Fidel subrayó en más de una ocasión que además de ser país latinoamericano, Cuba lo es también afrolatinoamericano . Como Estado en vías de desarrollo, Cuba pertenece al Tercer Mundo. Y en vista de ello, fue anfitriona de la 14ª Cumbre del Movimiento de Países No Alineados celebrada en La Habana en septiembre pasado; y Fidel Castro fue elegido de nuevo, lo mismo que a finales de los 70, presidente del Movimiento de Países No Alineados por un plazo de tres años.

Hoy la URSS ya no existe, y en su labor Fidel cuenta con activa solidaridad de América Latina, donde en varios países, siendo resultado de la “ola izquierda”, llegaron al poder los gobiernos que se manifiestan resueltamente contra los dictados de EE UU. A este respecto procede señalar especial papel que desempeña Venezuela, cuyo mandatario Hugo Chávez mantiene firme amistad revolucionaria con Fidel. Hoy, en el Hemisferio Occidental seguros aliados de Cuba en la lucha por un mundo multipolar son Brasil, Argentina, Bolivia, Chile, Uruguay y Nicaragua, y en el Mundo Viejo: Rusia, Bielorrusia, la India, China, Irán y Malasia, así como la RSA y decenas de otros países, apreciable número de los cuales participan en el Movimiento de Países No Alineados.

Bajo la dirección de Fidel Cuba llegó a ser activo sujeto de la política mundial y de la comunidad internacional en su conjunto, particularmente de los Estados No Alineados y en vías de desarrollo. Por esta razón, los discursos de Fidel producen escalofríos a los omnipotentes del mundo actual e infunden esperanza a los habitantes de los países tanto pobres como ricos, llenando de vigor y voluntad indoblegable el corazón de los menesterosos. Tal es una de las principales causas fundamentales de la fenomenal popularidad de que por más de cuatro decenios goza el líder de un pequeño país nada rico situado a 90 millas del imperio mundial hinchado como pompa de jabón a costa del sudor ajeno y fantásticas especulaciones.

Resulta muy difícil enfocar la personalidad de Fidel Castro desde la óptica de refinada objetividad científica, teniendo en cuenta su alcance y lugar que le corresponde en la historia y la política actual. Sin embargo, existen verdades sencillas y evidentes que sólo podemos hacer constar. Ya ahora el nombre de Fidel Castro se cataloga entre los legendarios personajes de la historia contemporánea: Ho Chi Minh, Jawaharlal Nehru, Mao Zedong, Gamal Abdel Naser y Nelson Mandela. Es evidente su aporte hecho a la formación del actual panorama político del mundo y de la mentalidad de los líderes de los Estados en desarrollo. Fidel Castro lanzó desafío al imperio más poderoso de nuestra época, habiéndolo hecho ante su nariz, en un pequeño país débilmente desarrollado. Bajo su dirección Cuba se convirtió en un Estado genuinamente independiente que ha torpedeado el monopolio político de Washington en el Hemisferio Occidental.

Haciendo alarde de su voluntad férrea, Fidel ha sido capaz de impugnar la doctrina imperial sobre el “fatalismo geopolítico” en el Hemisferio Occidental.

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