EL BLUE JEAN (Ennoblecimiento del pauperismo). Manuel C. Martínez M.

Escena en New York, una de sus Avenidas
SUCESO
Jacqueline Kennedy, primera dama estadounidense, baja presurosa de su departamento rumbo al supermercado para realizar compras de última hora. Lo hace vestida con un desteñido y desalisado BLUE JEAN.
REACCIONES
Un fotógrafo avizor capta en celuloide la inusual escena, para una mujer marcadamente fastuosa en su atuendo y demás accesorios. Las fotos cruzan electrónicamente el mundo por vía de prensa y TV.
RESULTADOS
El blue jean, ropa propia de peones, vaqueros, marineros, mineros, artesanos, pescadores y cazadores, todo lo cual implica derroche de energía, vitalidad y, particularmente, de juventud, estimula la imaginación de los modistas y a partir de ese momento comienza un proceso de ennoblecimiento para semejante prenda de vestir con el consecuencial cultivo en el ya abonado terreno de la industria textil gosipina o algodonera.
FINALMENTE
Esta ropa, fresca, duradera, encubridora de suciedades, susceptible de deterioro por concepto de raeduras, desteñido y deshiladuras sin merma en su utilidad, prendió fértilmente en las grandes masas populares en atención a su relativo bajo precio, por lo menos durante la fase de promoción tendente a crear hábitos de consumo en aquellas damas y caballeros un tanto alienados, mismas que venían asociando blue jean con trabajos innobles y gente pobre, razón por la cual dicha prenda no figuraba en sus elitarios vestuarios, salvo para específicas faenas obreriles, artesanales y deportivas.
Cubierta esa fase promocional, bajo el aguijón de la publicidad y de los efectos subliminales que en gente adulta provoca la proyección de una joven imagen ofrecida por el blue jean, éste logra imponerse y se hace moda como útil disfraz para esa repudiada vejez que a toda gente va ineluctablemente envolviendo.
CONCLUSIONES
El blue jean, hasta hace ½ siglo vejado y menospreciado, comienza a ser demandado para ser usado con finos calzados y medias para bailar y gerenciar, para pasear y hasta para hacer visitas, pero no tanto por el ennoblecimiento que de esa prenda se hiciera, sino porque al final de cuentas se convirtió en la ropa más asequible a los menguados ingresos de la gente trabajadora quien, ahora, sin aún caer en cuenta de ello, se halla virtualmente uniformada, y así enmascara el pauperismo in crescendo en que firme y hondamente va cayendo.
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