Líbano teme un asentamiento de los 400 mil palestinos dentro del país

Los refugiados palestinos en el Líbano han acogido con insatisfacción la aprobación esta semana por el Parlamento libanés de una ley que garantiza su derecho a trabajar y que supone que podrán ejercer profesiones que tenían vetadas hasta ahora.

Aunque el analista palestino Natur Suheil reconoce que ha sido “un primer paso”, no está contento con la nueva norma y se muestra escéptico por su aplicación sobre el terreno.

“No es lo que esperábamos desde hace 63 años. Nada ha cambiado, es lo mismo que antes pero ahora decidido por un decreto ministerial”, apunta Suheil, que milita desde hace años por la mejora de la situación de sus compatriotas en los campos de refugiados en el Líbano.

Suheil se queja de que se han dividido sus derechos, ya que por un lado está el de trabajo, luego el la Seguridad Social y, por último, el de la propiedad, que es rechazado categóricamente por los libaneses que temen el asentamiento definitivo de los palestinos.

La ONU calcula que unos 400,000 palestinos viven en el Líbano, casi la mitad de ellos en doce campos repartidos por todo el país, en condiciones muy precarias.

El Líbano, que teme su asentamiento definitivo, no les concede derechos básicos como la compra de bienes inmobiliarios o la creación de asociaciones.

A ese respecto, Suheil indica que “el sistema político confesional en vigor en el Líbano hace que algunos se escuden en el temor a un asentamiento” definitivo para no reconocer los derechos de los palestinos.

El ministro de Trabajo libanés, Butros Harb, explicó que con la nueva ley “los refugiados palestinos podrán trabajar en todas las profesiones, en acuerdo con los sindicatos, sin tener necesidad de obtener un permiso especial” como sucede con los extranjeros.

Y es que hasta la aprobación de la norma se les prohibía desempeñar algunas profesiones como médico, farmacéutico y abogado, entre 70 profesiones que se les prohibía.

Con la nueva legislación tendrán, además, acceso a la Seguridad Social, que tenían vetada hasta ahora, con la creación de una cuenta especial, en la que el Gobierno libanés no participará, sólo los empresarios contratantes.

Fuente: EFE

Ex oficial de los servicios secretos sirios ataca a Hizboláh

Testigo clave dice que Israel no está

implicado en el asesinato de Hariri

Un testigo clave en el caso del asesinato del ex primer ministro del Líbano Rafik Hariri aseguró que Israel no está implicado en el crimen, según publicó la edición digital del diario kuwaití Al Siyasa.

En una entrevista telefónica con el rotativo, el ex oficial de los servicios secretos sirios Mohamed Zuheir Sadiq consideró que “no son convincentes” las pruebas presentadas contra Israel por el líder del grupo terrorista Hizboláh, cuyo líder Hassan Nasrallah dio a conocer en una videoconferencia el pasado día 9.

Sadiq indicó que esas pruebas “no poseen fechas ni tampoco ninguna señal en lengua hebrea”, por lo que opinó que la videoconferencia fue “una estúpida obra teatral de la que ni Hizboláh está convencido”.

En su intervención, Nasrallah mostró videos y fotos aéreas, pero no pruebas contundentes, que supuestamente implicaban a Israel en el asesinato de Hariri (ambos en la foto), el 14 de febrero de 2005, en un atentado con coche bomba en Beirut.

El ex oficial sirio, en sus declaraciones al diario kuwaití, se pregunta: “¿Por qué fueron emitidas esas cintas de video en este momento? ¿Acaso fue porque Hizboláh sintió que tenía una espada puesta en el cuello?” para responderse a continuación: “Por ello decidió defenderse y revelar asuntos que se refieren a la seguridad de la resistencia”.

El mismo Nasrallah reveló el pasado 22 de julio que había recibido información de que el tribunal especial de la ONU que lleva adelante el caso, acusará del crimen a terroristas “indisciplinados” de su grupo, y aseguró que no iba a aceptar esos cargos.

Sadiq manifestó su extrañeza de que Hizboláh no comunicara en su momento a las autoridades de seguridad libanesas las informaciones que poseía sobre algunos presuntos espías pro israelíes que podían estar vinculados en el asesinato.

Por otro lado, acusó a Nasrallah, al ex general Yamil Sayed, antiguo director de la Seguridad Nacional del Líbano, que fue detenido en relación con el atentado, y a los servicios secretos sirios, de “fabricar” testigos falsos para poner en duda su credibilidad ante la comisión internacional que investiga el crimen.

Fuente: EFE

Libertad significa elegir la vida, cualquiera sean las condiciones

Autor: Rajel Hendler

El sustantivo suicida, en la época del terrorismo, se convirtió en un nombre aterrador, sinónimo de asesino, terrorista, cuya misión es morir para matar, para exterminar cuant\as más personas de determinado grupo social, étnico; venganza y odio masivo; instrumento de corrientes políticas fanáticas, con el objeto de matar judíos e israelíes, en nuestro caso.
Encontramos musulmanes, árabes de todas las edades, hasta niños y mujeres que se prestan a ser suicidas, “shahidim”, que actúan según sus instructores, con aura de santidad, fruto de una educación macabra y con la promesa de premios en el más allá.
A raíz de estos sucesos, que se habían convertido casi en rutina, ya lo insólito se había vuelto cotidiano, día a día terror y violencia.
Pensamos en el término suicida en otro sentido, y nos acordamos con reverencia de dos judíos que se suicidaron; dos personalidades de nuestra historia contemporánea, que lo hicieron en aras de la vida, no de la muerte. Por defender los derechos humanos, de la igualdad y de la justicia social en la que tanto creían, ambos contemporáneos cronológicamente.
Su suicidio fue un grito de protesta a la conciencia del mundo, del humanismo que entonces perdió su vigencia. Ambos entre las dos guerras mundiales: Artur Ziguelboim (1885-1943) y Stefan Zwaig (1881-1942).
Ziguelboim, de origen humilde, trabajó desde niño, deja el jeder, como obrero integra agrupaciones de oficios y con el tiempo se convierte en el “compañero Artur” en la Varsovia en 1920 y delegado de los sindicatos judíos a la Central Obrera. No cree que haya un problema judío, todos son iguales, luchadores por sus derechos y por la justicia social.
Después de años de actuación en Varsovia pasa a Lodz y forma parte del Consejo Directivo del Partido.
Estalla entonces la Segunda Guerra Mundial, Adolf Hitler toma el poder, ocupa Polonia, y Ziguelboim junto a sus compañeros polacos lucha contra el nazismo. Se siente orgulloso de ser el enlace del proletariado judío con el polaco.
Alguién preguntó entonces, ingenuamente diría yo: “¿Acaso los judíos no son polacos?” Pero luego los alemanes piden rehenes judíos, comienzan detenciones, persecuciones, matanzas, destierros….
Ziguelboim recorre Europa para contar al mundo lo que está pasando con los judíos; acude a la Internacional Socialista, sus confraternos, en Bélgica, en Francia, América, Londres, representantes del Bund en el Parlamento polaco. Exige, reclama: “Detengan la mano asesina”. Todos, algunos lo acompañan en el sentimiento, pero no hicieron nada. No quisieron que esto se convierta en una guerra pro judía.
Ziguelboim clama: “Esto es el final; cada uno debería avergonzarse ante tamaña injusticia”.
En la noche del 11 de mayo de 1943 escribe al jefe del Gobierno polaco en el exilio: “Con mi muerte quiero expresar mi más intensa protesta contra la pasividad del mundo que observa y permite el exterminio del pueblo judío. A lo mejor con mi muerte contribuiré a romper la indiferencia. Mi vida pertenece al pueblo judío de Polonia y a él se la brindo”.
“Me suicido como acto de condena contra la democracia de las naciones y de los Gobiernos que no hicieron nada para detener la matanza, el fin de los judíos en Polonia; que mi muerte logre lo que no logré en vida”.
Sus ideales se quebraron, el compañero Artur queda solo, abandonado, y se quita la vida, se suicida.
A lo mejor, libertad interior significa elegir la vida, luchar, cualquiera sean las condiciones. No juzgamos.
La otra personalidad que queremos citar es Stefan Zwaig; de otro ambiente, de diferente formación y educación, pero que también creía en la igualdad, en los derechos humanos, sin distinción de credos.
“El ciudadano del mundo” como él se autotitulaba; “El mundo es mi patria” afirmaba”. “Mi Viena, mi Austria, no hay barreras, todos somos buenos alemanes, buenos austríacos, todos los hombres son iguales, todos tenemos los mismos derechos y obligaciones…”
No pudo comprender la visión de Herzl; lo respetaba pero no entendía su sionismo, su sueño. ¿Para qué Israel, por qué un Estado Judío? “No hay problemas de descendencia ni de religión. Libertad e igualdad, este es el futuro”, sostenía.
En el prefacio de su autobiografía, “El Mundo de ayer”, ya habla diferente: “Lo que referiré no será tanto en mi nombre, como de toda una generación, nuestra generación”.”Cada uno de nosotros, aún el más pequeño, ha sido conmovido en su existencia por la sacudida casi volcánica, casi ininterrumpida de nuestra tierra europea”. “Yo tuve el único privilegio, de haberme encontrado como austríaco, como judío, como escritor, como humanista y como pacifista, precisamente en aquella zona… …en este sismo tremendo, violento. Me apartaron de mi tierra, de mi hogar, de mi vida interior, del pasado, lanzándome en el vacío. Sin patria. Los sin patria justamente se tornan libres, sin trabazón, ni deben consideración alguna; estoy cabalmente despreciado, sin raíces”.
Así habla el que se consideraba “Ciudadano del Mundo”. El Mundo en este caso se torna muy abstracto….
Y cuando todo lo que creyó y soñó se vino abajo, llegó la gran desilusión, no hay en que creer y se suicidó junto a su esposa en Petrópolis, Brasil.
Al respecto escribe Claudio de Scuza en su libro “Los últimos días de Stefan Zwaig”: “Qué eran aquellos dos cadáveres; eran dos vivos en su muerte, en su inmovilidad, eran dos ideas en marcha, eran dos mártires de la autocracia, del absolutismo, de la supresión de todas las libertades, en lo que el cese de la existencia física no servía para extinguir la super personalidad”.

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